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BIENVENIDA DEL MUNDO COFRADE BILBAINO

A DON MARIO ICETA

 

JOSEBA RODRÍGUEZ LUZARRAGA

Hermano Abad de la Hermandad Penitencial de Begoña y autor del libro “Yo cofrade, pensamientos de un cofrade de Bilbao)

Antonio Varo es el responsable de noticias cofrades del periódico ABC de Córdoba. La relación de la Hermandad de Begoña con Córdoba es intensa, pues toda la imaginería de nuestra Hermandad está realizada en aquella ciudad, así como los tres pasos procesionales en que es llevada a las calles de Bilbao. Por supuesto, a través de Antonio, nuestra Hermandad es conocida en la capital andaluza, bella donde las haya.

Fue Antonio quien de primera mano me informó sobre el nombramiento de Don Mario Iceta como Obispo Auxiliar de Bilbao. Como es lógico, lo primero que me dijo se refería a su relación con las cofradías, sobre su conocimiento sobre este mundillo que nos retiene en nuestras ciudades por goloso que sea el salir de vacaciones.

En primer lugar, me dijo: “Hombre, se ve que éste no es su mundo”. Con ello quería significar que Don Mario no era como uno de nosotros, que según oímos los tambores notamos como vibra todo nuestro cuerpo y cuando no suenan es nuestra imaginación la que reproduce un redoble virtual. Se refería a que no es uno como nosotros, que desde que vimos una cofradía de niños nos quedamos tan impresionados que no somos capaces de pensar en otra cosa durante la Semana Santa, ni durante el verano, ni durante la Navidad.  Como el hecho de que fuera Vicario General de la Diócesis de Córdoba no me decía nada, añadió que era de Gernika y es entonces cuando me pareció más normal que no fuera precisamente su mundo, el mundo cofrade.

En segundo lugar, me dijo que, no obstante, Don Mario había dejado una profunda huella en las cofradías cordobesas. Verdaderamente, hay sacerdotes que, sin provenir del mundo de las cofradías, no dudan en prestarse a ayudar, a entenderlo, a sumergirse en él, a valorarlo, a intentar sacar al exterior todo lo bueno que tienen dentro los cofrades. Es verdad, Don Mario no ha dejado a nadie del mundo cofrade cordobés indiferente. Y es que D. Mario era uno de los fijos en los actos y cultos de las Cofradías y Hermandades de Córdoba. Supo entender la idiosincrasia de los cofrades y buscar el punto de encuentro entre sus tradiciones y el mensaje trascendental que, quizá inconscientemente en algún caso, trasladan a las calles de la ciudad.

En tercer lugar, destacó su inteligencia, sus conocimientos y el hecho de que nunca improvisaba en las celebraciones, quinarios, novenas o triduos, en las charlas cuaresmales, en las eucaristías, vamos, que preparaba sus intervenciones a conciencia. Nos felicitó, en suma, por ello y nos dijo que en su Córdoba cofrade había sentado mal el hecho de que un hombre tan valioso como Don Mario se marchara. Sin embargo, según me dijo, también había conciencia de que él era uno de esos llamados a encargos de importancia en la Iglesia y era esperado, tarde o temprano, a él así se lo parecía, que fuera normado Obispo.

Estaba yo contento y feliz con estas noticias cuando, aunque aún no era pública la noticia de su nombramiento, es decir, aún estaba muy reciente en los medios de comunicación, ya se empezó a hablar de sectores a los que no había sentado bien esa decisión eclesial, sectores que pensaban que debieran haber sido consultados, sectores que decían que esto tenía que ser más democrático y que había que evolucionar, que si era conservador, que si esto, que si lo otro,… en fin, que se empezó a escribir contra el nombramiento o el método seguido para la designación.

Pues bien, es innegable que en el mundo cofrade hemos tenido obispos que se han movido mejor y obispos que lo han hecho con más dificultad ante nuestras actividades y costumbres cofrades. Hay unos que han llegado más al corazón de los cofrades y otros que han sido más distantes o nos han dejado más fríos. Los ha habido que han dado todo tipo de facilidades a nuestras ideas y proyectos y los hay que nos han parecido excesivamente cautelosos y, a veces, han provocado el desánimo de los cofrades.

Esto no es extraño. También es verdad que hay sacerdotes que piensan que las cofradías nacieron en el Medioevo y que su función apostólica y caritativa ha caducado, que los derroteros de la Iglesia van por otros caminos más “comprometidos”, y también hay sacerdotes a los que les parece que nuestra actividad es más folclórica que religiosa, que nos servimos de los valores religiosos y los utilizamos para buscar notoriedad y que nos parecemos más a una comparsa que a un movimiento religioso. Ahora bien, la mayoría sabe que somos Asociaciones de Fieles y que necesitamos pastores que nos orienten sin entrometerse en nuestra tarea, que es eminentemente laical.

También tenemos que tener en cuenta que, dentro de las funciones de los presbíteros, no sólo está la de servirnos presidiendo nuestros cultos y procesiones, sino que en muchas ocasiones deben corregir nuestro trabajo para que no perdamos la centralidad del Señor.

Bien, digo esto porque nosotros como cofrades, estoy completamente seguro,  hemos recibido al nuevo Obispo Auxiliar con los brazos abiertos, no porque tenemos que acatar unas órdenes superiores, sino porque tenemos fe en Jesucristo y, por ella, confianza en nuestros pastores; porque ante todo entendemos la Iglesia como Católica y Universal y nos unimos como una piña ante quien habla con autoridad; y porque no vemos en Ella autoritarismo, sino a una Madre y Maestra a quien escuchamos con atención.

Verdaderamente, en estas últimas semanas he hablado con cofrades de otras localidades y todos ellos se sorprenden de que aparezca en los periódicos tanta queja procedente de cristianos que a sí mismos se llaman comprometidos y me dicen que no entienden esto cuando Don Mario es vasco y sabe euskara. Yo les digo que realmente, al menos entre nuestros cofrades, el espíritu de bienvenida, de ponerse a su servicio, será el mismo si es de Gernika, que si es de Guatemala o de Tanzania. Faltaba más. “Católico” significa universal.

Otros me dicen que esos críticos debieran saber que la Iglesia no es democrática, sino jerárquica. Pienso que lo saben, pues el propio Jesucristo decidió con autoridad (siempre desde el Amor), cuando dijo “Tú eres Pedro y sobre esta Piedra edificaré mi Iglesia”, en vez de decir “¿Qué os parece? ¿Quién creéis que pueda ser quien os encabece? ¿Éste, ése o aquél?” o en vez de someter a votación de los Apóstoles y discípulos tan importante nombramiento.

Dios mío, creemos en que tu Santo Espíritu habrá iluminado la mente de quienes han tomado las decisiones y, siendo nosotros desconocedores de cómo se toman éstas, estamos convencidos de que su nombramiento es una llama que Nuestro Señor ha encendido y que desde Él llega hasta nosotros. Por eso sabemos que el hilo conductor desde Jesucristo, Obispo a Obispo, llega hasta el propio Don Mario.

Alguno pensará que entre nosotros cofrades hay un claro dominio de lo más conservador que hay en la Diócesis y que, por tanto, encajamos más con el perfil pretendidamente “conservador” del nuevo Obispo. En este sentido, según yo veo las cosas y desde el conocimiento que tengo de las cofradías bilbaínas, afirmo con rotundidad que la gran división de la Iglesia no se da entre conservadores y progresistas, como podría ser en el mundo político, sino más bien entre los que rezan, hacen penitencia y se entregan a los demás, y los que no hacen todo o parte de de esto.

Así, en las cofradías, que son una especie de muestreo de la Iglesia, los hay más resistentes a los cambios y los hay más lanzados, pero el entendimiento entre éstos es fácil cuando se desenvuelven en un clima de oración y es explosivo cuando anteponen su afán de protagonismo a la fe y cuando su participación en el culto y en la pastoral de la Iglesia es más por figuración que por oración y servicio.

Por otra parte, todos reconocemos que hay cosas que no elegimos, que se nos imponen sin siquiera ser consultados, y a las que, sin embargo, nos plegamos más por Amor que por respeto. Valga como ejemplo que nadie elige a su madre y a su padre y, sin embargo, los ama y no los cambiaría por otros.

Así que nada, Don Mario es muy bienvenido a su tierra. La Catedral estuvo abarrotada de gente deseosa de hacerle ver que tenemos plena confianza en Él, que lo respetaremos. Es cierto que hubo notables ausencias, ellos y ellas sabrán. Seguro que D. Mario, hombre cercano, sabrá acercarlos al sendero donde estamos todos. Si en la sociedad civil “hablando se entiende la gente”, entre nosotras y nosotros, seguidores de Cristo, podemos decir que “orando nos entenderemos mejor”, y aquí, entre esos críticos, hay gente buena, que seguro, unidos a don Mario en oración, salvarán este pequeño escollo.

Él, aunque obispo, es un fiel más. Él ha venido aquí a hacerse Santo entre nosotros y le agracemos que haya aceptado este reto. Sabemos que su tarea no será fácil, porque en esta Diócesis tenemos nuestros problemas, algunos muy enconados, pero nunca le faltarán nuestras oraciones, no sólo en la Eucaristía de cada día o en el rezo del Santo Rosario, y nuestra disposición para que juntos trabajemos, aquí como en toda la Tierra, por nuestra Madre la Iglesia, Una, Santa, Católica y Apostólica.