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LA AMATXU DE TODOS LOS COFRADES

 

Artículo de Joseba Rodríguez Luzarraga

Hermano Abad de la Hermandad Penitencial de Begoña

 

Siempre se ha dicho de las Hermandades y Cofradías que, como organizaciones humanas que son, hay entre ellas una cierta rivalidad o deseo de ser la más destacada o la más admirada. Este deseo de significarse, de ser admirada, contrasta vivamente con la sencillez que distingue el mensaje de Jesucristo.

Verdaderamente, las cofradías se abren paso en las calles y llaman la atención del ciudadano. Para conseguirlo, tratan de que sus elementos y signos muestren su contenido espiritual, unas veces con la belleza de un bordado barroco, otras con la sobriedad de una talla en madera. Sin embargo, como humanos que somos, puede que haya algo en nuestras iniciativas que a veces nos lleve, más que descubrir a la Virgen Maria o a su Hijo Jesús y manifestar públicamente nuestro profundo amor, a buscarnos a nosotros mismos y a manifestar públicamente nuestros defectos, diciendo, llenos de orgullo: “¡Somos los mejores!”

Frente a ese grito callado, articulado en privado en una cafetería o en una reunión, llega la respuesta de la rivalidad mal entendida: la crítica fácil, el comentario irónico, o el “¡éstos… siempre dando la nota!”, que se oyen también en la atmósfera cargada de algunos encuentros cofrades.

Aunque la rivalidad no tiene por qué ser perniciosa, es verdad que en ocasiones, de lo hondo de toda organización humana se desprende el hedor de los vicios humanos, como la murmuración, o de los pecados capitales, como la envidia, y, lamentablemente, fluyen al exterior desde los círculos en los que tendrían que brillar por encima de todo el buen ambiente y la alegría de tantos que deberían manifestar virtudes cristianas.

Sí, en esos casos, es nociva la rivalidad. Y también, cuando, más que alegrarnos por las acciones de las otras cofradías, hay algo que nos escuece cuando hacen algo nuevo y lo manifestamos con una labia detestable que nos lleva a hacer una crítica fácil y a veces infundada, o a ironizar con  las mejoras, las iniciativas y los logros de las otras congregaciones o a alegrarnos con sus fracasos.

Hago estas reflexiones porque el 6 de octubre del año pasado se bendijo en la Basílica de Begoña una imagen de Nuestra Señora de Begoña, talla de extraordinaria calidad artística por el trabajo que significó conseguir una réplica de nuestra Celestial Patrona tan semejante a la titular, aunque con un tamaño tres centímetros más pequeño.

Esa réplica se sufragó  con la ayuda de cientos de donativos, grandes y pequeños. Desde entonces, nadie ha quedado impasible ante la imagen de Nuestra Señora. Sin duda, su belleza y el hecho de verla tan cerca ha conseguido que sean multitud los gestos de admiración.

Aplicando el dicho “las fiestas se conocen por sus vísperas” esta imagen será portada a hombros en Procesión de Antorchas cada día diez de octubre, justamente en la víspera de la solemnidad de Nuestra Señora de Begoña, consiguiendo que el clima de oración llegue a la propia calle. Así, los cofrades y los fieles que se unan al cortejo, rezarán el Santo Rosario y seguramente dará tiempo a contemplar muchas escenas de los misterios gloriosos, dolorosos, gozosos o luminosos, ya que el recorrido se iniciará en la Catedral de Bilbao y recorrerá las calles del Casco Viejo para subir por Prim al Barrio de Begoña.

Qué pena, qué congoja teníamos algunos, cuando el 10 de octubre del año pasado, a las siete de la tarde, a las puertas del Museo de Pasos veíamos impotentes cómo no paraba de llover, y finalmente no pudimos hacer esa primera salida procesional.

Ahora bien, es seguro que había una razón divina que esperar un año. Al menos, hemos tenido oportunidad de madurar y de aprender a ser pacientes.

Así, desde la Junta Directiva de la Hermandad de Begoña animamos nuevamente a nuestros cofrades a ser sencillos, no sólo parecerlo, desde lo más profundo de su corazón, y acoger con agradecimiento en nuestras filas a todos los cofrades bilbaínos, hombres y mujeres, y ellas y ellos, muchos, confiamos que, como cofrades bilbainos que son, nos respondan con esa sencillez de la que siempre hace gala nuestra Semana Santa. Por eso, reiteramos la invitación a todas y todos aquellos que estaban dispuestos a unirse al cortejo o ayudarnos a cargar el paso como uno más, que acudan a la cita.

Los que estábamos allí, mientras rezábamos el Santo Rosario ante la imagen de Nuestra Celestial Patrona, aquél día, pensamos que esa jornada nos pertenecía a todos, que todos, al menos por esas horas, somos cofrades de la Virgen de Begoña. Y, en ese sentido, pensamos que la Virgen espera algo más que un unirse a la comitiva.

Recordando aquél dicho cofrade de los años 70 de “todos a todas”, pensamos: “¿Por qué no nombramos a la Virgen de Begoña Patrona de todos los cofrades de Bilbao?”. Bien, hay queda la idea, para quien pueda y quiera recogerla.

Así nos lo pareció a los que estuvimos allí. Nos dimos cuenta que aquél día tocó el “Todos a Begoña”, porque esa Virgen que es elemento unificador del pueblo vizcaíno, lo es también del mundo cofrade bilbaíno. Verdad es que nuestros cofrades, ante las manifestaciones de religiosidad popular, se conmueven hasta un punto en que sienten vibrar su espíritu por el Amor a la Virgen. Por eso, no será difícil que se sientan tan involucrados en esta idea como algo natural y lógico.