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RIFIRRAFE EN LA SEMANA SANTA BILBAÍNA

Capítulo I: El Sr. Ezkerra escribe su artículo de opinión de EL CORREO en Bilbao

 CAPIROTES CON GAFAS

IÑAKI EZKERRA

 Ante las procesiones uno tiene sentimientos encontrados. Por un lado uno recuerda lo que se divertía a los quince años disfrazado de cofrade y paseando el capuchón los martes de Semana Santa por la bilbaína calle Las Cortes para refrotarle al personal aquel hipocritón 'Perdónales, Señor' que rasgaba un cielo más morado que el Nazareno; y, por otro lado, a uno le joroba ese mismo aspecto farisaico de la ceremonia, que es -ya me hago cargo- el que pone morbo a esa concreta y concurrida procesión. A los quince años a uno le parecía que tenía gracia ese recochineo de que muchos de los encapuchados fueran los más asiduos clientes de dicho barrio el resto del año. Hoy, sin embargo, la hipocresía me ha dejado de hacer gracia aunque sea tan naïf, tan evidente, tan escandalosa, tan histriónica, tan paródica de sí misma como sucede en el caso que comento. No sé por qué será. Quizá porque la sociedad de hoy me parece todavía más hipócrita que la de hace treinta años; porque hay un empacho general de hipocresía y su parodia mezcladas en el cual no se sabe dónde está la crítica y dónde la complicidad.

Si quieres cantarles el 'Perdónales, Señor' a los proxenetas y a sus asalariadas cántaselo a la cara. Si quieres chantajear desenmascárate y muéstrate al chantajeado; mírale a los ojos para que te conozca bien antes de pagar. Hay cosas que no se deben hacer con un capuchón puesto. Y hay cosas que no se deben hacer ni con capuchón ni sin capuchón, pero que si se hacen lo menos que se puede pedir es que se hagan al descubierto. Los verdugos han usado siempre una capucha -un verduguillo- y esa peculiar prenda de vestir delata la ilegitimidad de su acto así como del orden que representan. Si un Estado considera legítima la pena de muerte ¿por qué no muestra las caras de sus verdugos? Algo de infame tendrá ese oficio para que hasta quien lo paga piense que la identidad del oficiante merece la ocultación. Por otra parte, si una sociedad es democrática no debe ocultar el rostro a sus agentes del orden. Un país en el que los policías se tienen que tapar la cara como los delincuentes es un país enfermo, al revés. Su siguiente paso será inevitablemente que los delincuentes ni siquiera necesiten capucha para perseguir a los policías y para extorsionar.

 Pero el mejor argumento contra la capucha es su ridiculez en cuanto se la toca. Entonces cae su simulacro de autoridad. Recuerdo de mi época de cofrade cómo un compañero bastante torpe, José Félix, se cayó en un socavón de Las Cortes y lo tuvieron que sacar las prostitutas, con qué cariño le enderezaron el capirote y le ajustaron las gafas. Por cierto, también llevaba gafas bajo la capucha uno de los etarras del comunicado.

 

Capítulo II: Se le contesta oficialmente en la sección Cartas al Director en Opinión de EL CORREO

 LAS PROCESIONES Y EL SEÑOR EZKERRA

 Estimado señor Ezkerra:

 Si lo que pretendía Usted con su artículo “Cofrades con gafas”, publicado en El Correo, el lunes 17 de abril, era ofendernos (ojalá fuera sólo eso), no lo ha conseguido: todos los que participamos en los desfiles procesionales de la Semana Santa tenemos muy claro los motivos de nuestra participación.

 Sin embargo, queremos que esta carta sirva para precisar varios puntos que consideramos importantes respecto de sus comentarios sobre la Procesión del Nazareno (que sale el Lunes y no el Martes Santo, como Usted dice) y evitar así que quienes no están familiarizados con la realidad de los cofrades y de las procesiones se queden con una visión deformada.

Primero: el cántico que Usted menciona dice exactamente “Perdona a tu Pueblo Señor, perdónale Señor” y no, como erróneamente escribe, “Perdónales, Señor”, de modo que se refiere primero al propio penitente que lo canta y al público, de cualquier origen y condición, sólo en cuanto parte del Pueblo de Dios.

Segundo: el cofrade ni puede ni debe acusar a nadie, sino que su único fin es conmover, ensalzando el Amor que Cristo tiene a los hombres, mediante la presentación procesional de su Pasión.

Tercero: puede haber cofrades que, como Usted entonces, salgan en procesión para pasárselo bien, pero constituyen una minoría. Asimismo, habrá cofrades con grandes faltas y que, tal vez como denuncia, sean clientes de la zona, pero nosotros no somos quienes para averiguarlo, ni para juzgarles. La mayoría de los cofrades procesionamos por devoción, dando testimonio de nuestra fe, y por otras razones personales que sólo cada uno de nosotros conoce.

Cuarto: respecto a los antifaces (lo que Usted llama capuchas), entroncan con una tradición secular cuyo fundamento no es escondernos, ni ocultar nuestra condición de cristianos, sino preservar el anonimato de nuestra penitencia e igualar a los penitentes, evitando cualquier elemento identificador de su riqueza o condición social, función que cumplen asimismo los guantes. No obstante, el antifaz no es estrictamente necesario para el desarrollo de una procesión. En lugares tan próximos como Bermeo no se utiliza.

Para terminar, no olvide que las prostitutas que levantaron del suelo y ayudaron a aquel despistado cofrade con gafas que se había caído entendieron muy bien el significado de la procesión y sabían que el cántico no iba dirigido contra ellas. Es natural: las prostitutas saben perfectamente que fue Jesús, el Nazareno, quien dijo de ellas que precederán a los fariseos en el Reino de los Cielos.

Javier San Pedro Grijalba, Vicepresidente de la Hermandad de Cofradías Penitenciales de la Villa de Bilbao

 

Capítulo III: El Sr. Ezquerra replica también en la misma sección de Cartas al Directorde EL CORREO

CAPIROTES DESCUBIERTOS

IÑAKI EZKERRA

 En réplica a mi artículo del 16-4-06 en el que yo comentaba la obvia teatralidad farisaica de la procesión bilbaína de Semana Santa que recorre la calle Las Cortes, me respondía en una airada carta el vicepresidente de la Hermandad de Cofradías Penitenciales de Bilbao (¿ay madre mía!) que «si lo que pretendía era ofendernos (ojalá fuera sólo eso) no lo ha conseguido». La verdad es que me alegro de no haber ofendido a nadie porque lo que yo pretendía era sólo hacer mi trabajo, que es reflexionar en voz alta, y si no voy a poder opinar ni sobre la procesión del barrio chino apaga y vámonos. Con el tono subido (y poco piadoso) de su respuesta el hermano penitente me confirmaba sin proponérselo que esa procesión responde a la vieja obsesión católica con las faltas referidas al sexo y al esparcimiento, que fueron las que menos le preocuparon al Nazareno que defendió a la adúltera, se dejó acompañar de las prostitutas y multiplicó el vino en las bodas de Caná. Si al Crucificado le preocupaban más la mentira, la avaricia, el robo o el asesinato sería más coherente que esa procesión se detuviera a pedir el perdón divino ante la sede del BBVA, la Subdelegación del Gobierno, las oficinas del Gobierno vasco o las herriko tabernas, no ante unos bares y unas mujeres que permiten olvidar al personal por unas horas que su sociedad está tan podrida.

La procesión de Las Cortes nació en la posguerra franquista -como la propia cofradía del Nazareno y todas las demás que hay en Bilbao- por lo cual es lógico que responda a la visión nacional-católica de aquellos años timoratos y siniestros. En los cristianos de hoy está renovar esas formas caducas y dotarlas de un nuevo contenido moral presentable al ciudadano de hoy. Por otra parte, no entiendo por qué la procesión de Las Cortes es la única en la que se cantan saetas. Eso responde a un puritanismo sabiniano que cuajó en el catolicismo sociológico de aquel Bilbao provinciano, clasista y racista en el que la inmigración era marginal y 'lo andaluz' se identificaba con el pecado. No veo en fin por qué hoy no se pueden cantar saetas en plena Gran Vía y ante el balcón del diputado foral. Creo, con buena fe de agnóstico, que todo eso sería menos chirriante, más cristiano, más moderno, más normalito y menos hipócrita.

 

Capitulo IV. Se termina el debate con una contrarréplica en la sección de Cartas al Director de EL CORREO por parte de la Hermandad de Cofradías de Bilbao

 PRECISIONES A LAS PROCESIONES

Señor Director:

Por medio de la presente, deseamos hacer llegar a la opinión pública determinadas matizaciones respecto a la carta del Sr. Ezkerra publicada el día 3 de mayo en esta sección.

Primera: salvo en las procesiones generales, cada cofradía organiza su procesión por los aledaños de su sede. Así, la Procesión que organiza la Cofradía del Nazareno pasa desde hace 60 años por las calles Cortes y San Francisco porque corresponden a la Parroquia de San Francisco de Asís (Quinta Parroquia), en la que esa cofradía tiene su sede y, además, porque eran entonces arterias principales de Bilbao, careciendo ese recorrido de la intencionalidad admonitoria que el Sr. Ezkerra le atribuye.

 Segunda: la primera hermandad penitencial de Bilbao fue la Cofradía de la Santa Vera Cruz, que fue fundada en 1554 y, entre otras actividades, organizaba las procesiones que llevaban celebrándose desde tiempo inmemorial, lo que significa que la tradición procesional en Bilbao tiene más de 450 años. Son especialmente emotivas las líneas que Don Miguel de Unamuno dedica a las procesiones del Bilbao liberal del tercer cuarto del siglo XIX en sus “Recuerdos de niñez y mocedad”.

 Tercera: las cofradías bilbaínas han tenido un gran crecimiento en la última década del siglo XX y comienzos del XXI y están integradas por cofrades de todas las tendencias políticas, sobre las que ni se pregunta ni se juzga, quedando en el ámbito personal de cada cofrade su coherencia con el mensaje de Jesús.

Cuarta: los cofrades de Bilbao no somos responsables de la actitud de ningún régimen político, sea del signo que sea, hacia las procesiones que organizamos.

Quinta: desde hace muchos años, antes más que ahora, se cantan saetas en varias procesiones bilbaínas, no sólo en la del Nazareno. Así, por ejemplo, en la Procesión de la Caridad que recorre el barrio de Begoña el Domingo de Ramos por la tarde; en la Procesión del Miércoles Santo, en la Plaza Nueva; y en las procesiones generales de Jueves Santo y Viernes Santo, a su paso por el Casco Viejo y la Gran Vía. Por otra parte, las saetas se cantan a imágenes que representan a Jesús o a María y nunca van dirigidas al público ni a otras instancias, siendo iniciativa del espectador, que canta lo que sale de su alma.

Damos por terminado definitivamente por nuestra parte el debate con el Sr. Ezkerra sobre la cuestión. No obstante, la Hermandad y sus miembros quedamos personalmente a disposición de Vd. y de cualquier ciudadano que desee información o, simplemente, un fraternal intercambio de ideas y opiniones.

 José Manuel Urretxaga Ariño, Presidente de la Hermandad de Cofradías Penitenciales de la Villa de Bilbao.