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EL CORAZÓN DE BILBAO SE VISTIÓ DE GALA PARA RECIBIR A JESÚS SACRAMENTADO EN LA PROCESIÓN DEL CORPUS

 

Bilbao, 25 de Mayo de 2008

No cabe duda que los miles de fieles que ayer se congregaban en la Catedral de Santiago y alrededores, los numerosos balcones decorados con mantones y banderas o balconeras con los colores vaticanos y de Bilbao, así como la preciosa  alfombra alusiva al Santísimo Sacramento, hecha con virutas de colores, de siete por cuatro metros, y el altar que se instalaba en la iglesia de los Santos Juanes presagiaban que el bullicio que se viviría en el Casco Viejo, rememorando el propio siglo XVI, en el que el Corpus era la fiesta grande de Bilbao, y para la que se encargaron los Gigantes y los Enanos.

Además todo ello lució considerablemente porque el sol  llenaba de color el Casco Viejo y presagiaba lo que a la postre hay que confirmar: Miles de personas consolidan cada año esta procesión, que resurgió hace cinco años como iniciativa del Obispo.

La misa de doce, presidida por el propio Obispo D Ricardo, reunió a más de veinte presbíteros que concelebraban la Eucaristía y se desarrolló ante una multitud que abarrotaba el templo y que incitaba a la reflexión por el fervor con que vivían cada momento de la liturgia.

El Obispo, dado que este es el día no solo del Corpus Christi, sino que además se celebra con el día de Cáritas, lejos de diferenciar los dos acontecimientos los planteó como algo intimamente unido. Inicialmente, el Prelado se refirió a los niños que este año habían recibido la Primera Comunión este año y que estaban sentados en las primeras filas y posteriormente, en la homilía, subrayó que hoy es el día en que volvemos a celebrar, de forma festiva, la última cena. Y en las palabras de Jesucristo diferenció en ella tres mandatos de un contenido impresionante: En primer lugar, “tomad”, en segundo lugar, y “comed”, y en tercer lugar “haced esto en memoria mía”.

Ahora bien, en el día de hoy quería referirse sobre todo al segundo, el “comed”. El Obispo se refirió a la Comunión, a que al igual que de todos los granos de trigo se hace la harina con la que fermentada se consigue el pan, animó a los fieles a unirse como granos de trigo y con el fermento del Espíritu Santo llevar el pan a la sociedad para lograr la concordia y la paz.

Finalizada la ceremonia se inició la procesión, la multitud que abarrotaba el templo salió al exterior juntándose con el numeroso público que expectante se agolpaba rodeando la alfombra y enervándose para divisar la llegada del palio con la custodia que portaría el propio Obispo de Bilbao, D. Ricardo.

De esta manera, salió del templo en primer lugar el Coro de Capilla de la Catedral que abría el Cortejo Procesional y se situaba después de un grupo de fieles que seguían a la Cruz Parroquial. Después del coro, el numeroso grupo de sacerdotes que participaron en la ceremonia y a continuación un grupo de niños y niñas que este año habían recibido la Primera Comunión, y que vestidos con su trajes echaban pétalos sobre los que pisaría el obispo que portaba la custodia y que iba bajo palio.

El cortejo continuaba con los representantes de Adoración Nocturna y de las Cofradías de Bilbao, de cuya importante presencia dan fe la numerosa cantidad de jóvenes que portaban las medallas de diferentes cofradías,  y numerosos fieles que un año más acudieron al acto, muchos de ellos provenientes de grupos eclesiales que animan a sus miembros a participar en el mismo.

El Cortejo llegó a la iglesia de los Santos Juanes, donde otra multitud lo esperaba. Allí se adentró, en su atrio y en un altar preparado al efecto se hizo una estación al Santísimo Sacramento con el canto del Tantum Ergo. En ese lugar la Presidenta de Cáritas leyó unas palabras al Santísimo y posteriormente el Obispo bendijo a los fieles.

Finalizada la parada, se reinició el camino por la calle Banco España, y terminando en la propia catedral, donde el Obispo manifestó su enorme alegría por sentir como después de unos años de parón por diferentes circunstancias, esta fiesta se estaba recuperando con tanto empuje. Y cómo los fieles habían recibido a Jesús Sacramentado con tanto amor, vistiendo de gala el camino que iba a recorrer.

Después, llegaron las nubes y una importante tormenta, pero ya no importaba El Santísimo había finalizado su paseo por el Casco Viejo