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UNA VIVENCIA EXTRAORDINARIA EN LOURDES

 

 

Verdaderamente hay ideas que surgen en la Hermandad, nacidas de la misma vida de la Cofradía, y en las que no ha existido ni programación, ni tradición.

Por ejemplo, la Junta Directiva de la Hermandad decidió que, de cara a ahorrar algunos euros, podíamos organizar mejor los envíos de correspondencia, evitando para ello, en lo posible, los imprevistos.

Así, el Ecos Cofrades en su edición impresa sería la base de la comunicación, en dos semestres, quedando entonces pocas cartas que mandar. Las nuevas noticias se difundirían a través de Internet para los que utilicen este medio y utilizando para el resto la tradicional llamada telefónica.

De esta manera, con todo lo antedicho, surgió la posibilidad de ir en peregrinación a Lourdes. Sin duda, el reclamo del Papa Benedicto era muy fuerte y precisamente él se iba a desplazar a esta localidad pirenaica donde se erige uno de los Santuarios que más devoción despierta en toda Europa, por lo que nosotros, cofradía mariana donde las haya, no podíamos dejar pasar la oportunidad. Así que la Junta, reunida en sesión ordinaria poco antes del verano, cuando ya habíamos enviado la correspondencia ordinaria que nos convocaba a la Novena de la Amatxu, decidió que peregrinaríamos a Lourdes.

Para ello se encargaron unos carteles, que poco duraron puesto que enseguida hubo cambios. Para empezar, y como algo providencial, cuando todo se nos cerraba porque las plazas de hotel estaban todas reservadas, surgieron diez habitaciones, nada más y nada menos que en el Hotel National, al ladito del Santuario. ¡Qué cosa!

Así que se colocaron dos carteles en la Basílica de Begoña, dos carteles en la Residencia de los PP Jesuitas, un cartel en el Apostolado Litúrgico y otro en la Librería San Pablo, además de otro en la oficina de Viajes Ecuador. Además, se colgó el cartel en la página WEB y se envió por email a los cofrades de los que tenemos dirección de correo electrónico. No pusimos más, porque nos temíamos que si llegaban más solicitudes tendríamos que decir que no había sitio, con la perplejidad y molestia que esto causaría entre los solicitantes.

Así fueron goteando, poco a poco, por todos los medios, carteles y avisos de un sitio y de otro, peregrinos atraídos por tan estupendo plan. No obstante, nos llegaban noticias de que aquí y allí se habían organizado varios autobuses y que todos ellos estaban a medias e indecisos sobre si salir o rendirse y anular el viaje, para evitar las pérdidas que esto supondría.

¡Vaya! Que la Hermandad, que también está para eso, para animar la devoción a Maria, decidió hacer una campaña de información en medios de comunicación social, campaña que tuvo repercusión en varios diarios, televisiones y radios, y que, no cabe duda, contribuyó a llenar todos esos autobuses que se encontraban a la espera de peregrinos.

Una hábil gestión de nuestra agencia de viajes posibilitó que el plan, desde el punto de vista organizativo fuera un éxito. Consistió en la coordinación de dos autobuses, un autobús grande de 64 plazas, nuevecito y con servicio, que llevaría a peregrinos de uno y de dos días (que pernoctarían en Lourdes) retornando esa misma noche con los de un día, y otro autobús que saldría el segundo día a buscar a los peregrinos que se habían quedado a dormir.

Para solucionar el problema de la identificación de los peregrinos de la Hermandad, que mejor que los pañuelos de la Romería, que pasearon por Lourdes en todo momento.

Ahora bien, si toda peregrinación lleva aparejada algo de mortificación y sacrificio, el caso es que los peregrinos que se desplazaron a Lourdes el sábado día 13 sufrieron las inclemencias del tiempo y de las extraordinarias medidas de seguridad. Aunque esperábamos que el circuito de las cuatro etapas para el jubileo (visitas a la Parroquia de Lourdes, al Calabozo, la Gruta y el Hospicio) se cerrara tiempo antes de la llegada del Papa, la enorme afluencia de público llevó a los organizadores a cerrar ese recorrido, nada más y nada menos que a la una del mediodía.

Eso produjo un profundo disgusto en muchos que tenían gran ilusión en vivir a fondo esos momentos. A ello hubo que añadir los continuos aguaceros, el cansancio,… Pero hemos de sobreponernos: Dios vio eso, por lo que sin duda sirvió para algo y, siendo tanto el número de peregrinos afectados, sirvió para algo importantísimo que nosotros ni siquiera somos capaces de sospechar. Con esa certeza nos quedaremos.

Así llegó la Procesión de Antorchas, en la que se mezclaban el olor a cera, la llama y el agua de lluvia que golpeaba sobre paraguas y chubasqueros mientras la procesión se adentraba entre la multitud. Luego, unas palabras de nuestro Santo Padre y, después, unos al hotel y el resto a Bilbao.

   

El día siguiente fue distinto: se apartaron las nubes y, aunque sobre la humedad de la pradera, todos pudieron vivir la Santa Misa presidida por el Papa Benedicto.

 

     Dijimos en la radio que acontecimientos como éste nos abren el alma, porque a veces podemos pensar que todos los de la Iglesia somos de Bilbao. Es verdad: en esas celebraciones multitudinarias se siente la universalidad de la Iglesia, la Catolicidad. Somos muchos los fieles seguidores de Cristo que acudimos a la llamada de su Santísima Madre y por ello tenemos que dar muchas gracias a Dios. Los que allí estuvieron, cuando pasen los días, descubrirán que han tenido una oportunidad excepcional, que han podido aprovechar.

 Además, los que estuvieron el Domingo pudieron hacer las etapas propuestas por el año jubilar y no cabe duda que llegaron mucho más animados.

En esta ocasión, fueron pocos los cofrades que asistieron a los actos: los Jefes de expedición, Leire Bizkarguenaga con los de un día y Javier Goitia con los de dos días, Magdalena y Salva. El resto fueron gentes que acudieron a nuestra llamada. Entre ellos había mayores de 93 años y menores de 4 años, matrimonios jóvenes y adultos, misioneras, enfermos, … una representación perfecta de lo que es Lourdes.

Por cierto, todos los que han ido (y muchos cofrades que no pudieron ir) quieren que se vuelva a organizar otro viaje lo antes posible, un día más.

 

Lourdes es Lourdes.