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LA VIRGEN PEREGRINA DE BEGOÑA LLENA DE CONTENIDO ESPIRITUAL EL TRABAJO DE LA HERMANDAD DE BEGOÑA

 

Verdaderamente, cuando se rezaban Vísperas, ceremonia presidida por el Obispo Auxiliar de Bilbao D. Mario Iceta, no podíamos imaginar que, aunque el templo, la Catedral de Santiago,  estaba lleno, una multitud expectante se agolpaba en el exterior.

   

Así sucedió.

La ceremonia en la Catedral fue un excelente instrumento para poner las cosas en su sitio: nos habíamos reunido para rezar a nuestra Señora de Begoña, para Exaltar su Gloria, y los salmos nos servían para que nuestro espíritu iniciara la meditación.

Y llegó el momento de la salida procesional de la Virgen de Begoña Peregrina. El paso procesional, que había salido del taller del orfebre cordobés José María Navarro, había sido reestructurado en sus varas y en su base para hacer posible que los cargadores y cargadoras tuvieran una posición más cómoda.

Salió la Virgen de Begoña y lo hizo como todos esperábamos, envuelta en el silencio y la oración. Es esa nuestra forma de expresarnos y la Plazuela de Santiago clamaba en peticiones y acciones de gracias a Nuestra Señora, que brotaban de los corazones de los centenares de fieles y devotos que la llenaban. Hasta José Andrés, nuestro Hermano de Liturgia, que era quien tenía que iniciar el rezo del Santo Rosario, se quedó paralizado ante el paso y no fue capaz de dirigirse a su posición, junto a la furgoneta de Altavoces Moreno, desde donde tendría que dirigir el rezo de los fieles que haríamos el ascenso a la colina de Artagan.

Se respiraban el asombro y la emoción. Todo era nuevo.  Se oía el sonido de los tubos metálicos que aseguraban las patas de la mesa sobre las que se yergue el paso de Nuestra Señora de Begoña. Todo era quietud hasta que por fin, definitivamente, se levantó el paso procesional y sonó, solemne, el himno de “Virgen de Begoña Madre de mi Dios”. El público lo tararea en bajito, pero nadie se atreve a lanzar su voz. Así, un nuevo parón en esa Plaza. Es la primera vez y se nota.

Por fin, José Andrés inicia el rezo del Santo Rosario. La Cruz de Guía arranca. A pesar de nuestra insistencia en que los fieles abran el cortejo, nuestro esfuerzo es inútil y son las representaciones de las Cofradías las que deben abrir camino. Detrás, se oye la Banda de María Santísima de la Esperanza. En medio, la Virgen, y tras su imagen centenares y centenares de personas.

El procesionar es más lento de lo previsto. Se nota en exceso que son nuevos los que portan a la Virgen y desconocen la mayoría de los pasos que los cargadores de la Hermandad desarrollan habitualmente. Sin embargo, nadie tiene prisa. Saben que están haciendo Historia. Parece que hay algo que frena a Nuestra Patrona en las calles del Casco Viejo, como si estas calles encerraran a la Virgen e impidieran que saliera de su barrio. Pero la procesión ha de seguir. Queda un largo recorrido para llegar a Begoña, donde espera un buen número de feligreses.

Ciertamente, es en la salida donde se produce un primer retraso de más de 40 minutos, que luego diferentes incidencias hicieron imposible recuperar. No obstante, es en esas calles del Casco Viejo donde se cimienta el ambiente de recogimiento que después viviremos los que subimos a Begoña.

Entramos en la calle Iturribide, donde la estrechez de las calles obliga a un notable estiramiento del cortejo. Quienes disfrutan de la fiesta acostumbrada de cada fin de semana se apartan ante la multitud. La Banda de la Esperanza ve como cada vez hay más distancia entre ellos y la Virgen, pero su potencia hace que incluso, en algunos momentos, parezca que quienes iniciamos el Cortejo los tengamos en los talones. Así poco a poco, iniciamos la cuesta de Iturribide.

Ahora nos adentramos en la parte menos concurrida del recorrido, la más apagada, la ciudad dormitorio. Pero al llegar a Aurrekoetxea, donde abandonaremos Iturribide para adentrarnos en Prim, nos espera un buen grupo de personas. Pertenecen a la Parroquia de Santa María de Iturribide.

La Policía Municipal nos pide que avancemos en Prim porque se está formando un gran atasco de coches y los conductores se impacientan. Tenemos que avanzar un gran tramo porque verdaderamente detrás de la Virgen va ya una gran muchedumbre. Por fin, nos paramos y uno de los miembros del Consejo Parroquial da un ramo de flores al Jefe de Paso, que lo deposita a las mismas plantas de la Virgen. Nuestro Hermano Abad, Joseba Rodríguez, y el Párroco de Santa María, D. Gabriel, inician el canto del “Virgen de Begoña Madre de mi Dios”, al que se unen todos los fieles, terminando con una incontenible ovación a la Virgen. Es como si, llegado este momento, la gente no pudiera más con el rigor que desde el inicio ha tenido la Procesión y, como un estallido, suenan con fuerza los aplausos. A continuación, truena la Banda y a su ritmo arranca el paso, distinguiéndose por delante, a lo lejos, las avemarías que se desgranan sin pausa desde que hemos salido de la Catedral de Bilbao.

Y así, poco a poco, entramos en Amadeo Deprit y en Batalla de Lepanto, hasta llegar a la Parroquia de la Cruz. Allí se inicia una nueva etapa en el camino de subida a Begoña. Aunque quienes permanecen en el cortejo se encuentran a gusto y así seguirían toda la noche, los que tenemos la responsabilidad de cumplir horarios estamos preocupados, ya que, aunque hemos recuperado tiempo, llegamos tarde. Decidimos, de acuerdo con la Policía Municipal que desde la Parroquia de la Cruz entraremos directamente en Virgen de Begoña, por el camino más corto, sin pasar por el Barrio de la Cruz (el Hermano Abad aprobó está decisión del Hermano Vicario, aunque con enorme pena).

Cuando ya, de lejos, vemos que la Parroquia está abierta y que allí está el Señor, el Jefe de Paso detiene el cortejo y nuevamente todos cantamos con fuerza el “Virgen de Begoña, Madre de mi Dios”. Los cargadores y las cargadoras aprovechan para descansar. Se ha invitado a diferentes colegios a participar en este cometido y un grupo de chicas del Colegio Ayalde, vestidas con su uniforme, decididas, se ponen bajo las varas y a un ritmo excelente llevan a la Virgen varios tramos. El Jefe de Paso comenta en un aparte: “estas chicas son extraordinarias”. Una de ellas no puede más y entre sollozos se aparta del paso; si es por ella continuaría hasta el fin, pero es mucho lo que queda.

Seguimos el camino y, aunque hemos recuperado algo de tiempo y parece que el retraso no va a ser tan grande, un nuevo inconveniente hace detener la marcha: un farol del paso está moviéndose y es conveniente fijarlo para evitar que se caiga. De entre la multitud surge una persona con una linterna y nos ayuda. Mientras tanto, el Jefe de Paso explica la maniobra que realizarán para adentrarse en Camino Bilintx. Esta parte la haremos con gente experta. Mientras, los fieles y nosotros rezamos sin descanso. José Andrés, nuestro Hermano de Liturgia, inicia los cinco últimos misterios y, saliéndose un poco del protocolo nos anima diciéndonos: “Vamos a rezar los veinte misterios ¡qué feliz estará la Virgen!”. Al fondo, la banda vuelve a arrancar, realzando el momento. Así llegamos a Begoña.

En el interior del templo, lleno en su nave central, también rezan el Santo Rosario y, coincidiendo nosotros en la Puerta de Entrada, se inicia el rezo de la letanía a Nuestra Señora y concluimos todos juntos el Santo Rosario. Nadie puede pedir nada mejor. La Banda vuelve a tocar y, ahora sí, todos rompemos a aplaudir con ganas. La Vigilia que estaba prevista a nuestra llegada se sustituye por una lectura del Evangelio y el canto del “Hijos de Vizcaya, Fieles”. Interviene después la soprano Itziar Fernández de Unda cantando el Agur María de Estitxu y termina el acto.

Los años dirán cómo queda esta procesión, pero el primer paso ya lo hemos dado. Ahora hay que reflexionar, con profundidad, para perfilarlo mejor. Porque si bien hemos de honrar a nuestra Señora, hemos de honrarla como Ella quiere serlo. Para eso estamos los laicos, pero con nuestros Asesores Espirituales y, a la cabeza, el Rector del Santuario, que es miembro de nuestra Junta en los Estatutos recién reformados, no como una figura simbólica sino como portavoz de una opinión cualificada en nuestra profunda reflexión.