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LA ROMERÍA SIEMBRA EN LOS NIÑOS EL AMOR A LA AMATXU

 

11 de Octubre de 2007

Desde hace ya más de seis años, lo que parecía un serio inconveniente para la asistencia a Begoña, a saber, que se celebrara  en día lectivo y laborable, se estará convirtiendo a la postre en uno de sus principales atractivos.

Ciertamente, quien subiera a Begoña sobre las once de la mañana se encontró con varios cientos de niños, podría decirse miles, porque parece que estos superaron los 2.000. Resultó un día extraordinario ya que al entrar en la Basílica se contaban por centenares los jóvenes romeros, de más de 12 colegios e ikastolas, que ya han incorporado a su calendario el 11 de octubre como fecha de visita cultural.

“La Romería es una fiesta de la Amatxu y para la Amatxu”. Así lo formuló el responsable nombrado por la Junta Directiva, José Andrés Etxebarria, para hablar con los colegios, de cara a animarles a acudir a esta gran cita del Amor a Maria.

Y así se pudo ver. Ya muy pronto se instalaba la gran Ciudad de los Hinchables. Algunos coches que no se retiraron a tiempo dificultaron este momento, pero esto fue subsanado con el paso de algunas horas. Así, los niños y niñas que acudieron a la Basílica, muchos en autobuses, con su maisus y andereños, pronto se dispusieron a utilizar las atracciones y a dibujar en los papeles destinados al efecto su particular regalo a la Amatxu.

Los dibujos, muchos de ellos extraordinarios, se acompañaban por poesías y frases destinadas a Nuestra Señora. Los pequeños tuvieron además la oportunidad de saborear una vieja tradición que la Hermandad de Begoña rescató hace unos años. De esta manera las 10.000 sabrosas chocolatinas recordaron a aquellos kurruskus de pan y onzas de chocolate que se repartían entre los niños que subían a Begoña hace algo más de 50 años.

 

Pero, además de todo esto, envuelto en el sonido del txistu y tamboril del pasacalles que recorrió todo Begoña, la mañana se completó con el Concierto de la Banda Municipal, que hizo las delicias no solo de los más mayores que acuden puntualmente a las doce, sabedores de que la puntualidad de nuestra banda, sino también de los más pequeños.

Finalmente, sobre la una, el espacio festivo volvió a ser para los mayores y para muchos que salían de sus trabajos. Los niños y niñas volvían a sus respectivos colegios, y estos lo hacían con la satisfacción de que habían cumplido con su Madre del Cielo.

En este apartado merecen especial mención los jóvenes del Colegio Berrio Otxoa, quince en total, que habían prestado un servicio excepcional a la Romería como voluntarios, con una gran sonrisa en su boca, y que acompañaron en todo momento a los niños.

Así acabó la mañana y todo quedó preparado para la tarde de la gran jornada.