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AMATXO DE BEGOÑA, REGINA PACIS

Joseba Rodríguez Luzarraga. Hermano Tesorero de la Hermandad de Begoña

 

¿Cómo se siente una madre, especialmente si es de familia numerosa, cuando en la fiesta de su cumpleaños, desde muy pronto por la mañana vienen sus hijos a felicitarla con un regalo en las manos? Más que feliz,… ¡Exultante! Pero detrás de esa sonrisa alegre, detrás de todos los preparativos que ha dispuesto  para que sus hijos ya mayores estén cómodos y satisfechos, en muchas familias se esconde en la madre, madre de todos, un dolor profundo.

Ve que entre éste y ése no se hablan por esto y por lo otro, o que ésta y aquella no se soportan, o que aquél no viene, y le llama por teléfono por no encontrarse con el otro. ¿Cuánto daría esa madre porque esas diferencias se salvaran y por fin, esos sus hijos, estuvieran unidos en su regazo queriéndose y entregándose, mirando los defectos de los otros con la benevolencia de si fueran propios y haciendo lo posible para que se superaran sin enfado?

Así pasa con Nuestra Madre del Cielo, Madre nuestra por encargo de Nuestro Señor Jesucristo, Madre de todas las madres, ejemplo de Madre, Reina y Señora de Humildad, Sencillez, Entrega, de Alegría… y de Dolor.

El dolor que siente Nuestra Madre por las mil y una injusticias que se viven en nuestro mundo, es inimaginable, al ver tanto tormento en esos sus hijos que sufren hambre en las guerras, en esas sus hijas que mueren en esos actos de violencia a manos de sus maridos o parejas o desequilibrados, amargura que siente por ver a hijos e hijas suyas sufriendo en la prisión, o en la soledad, o en la humillación, o en el paro, o en la droga. Pensemos en el padecimiento de una madre, la nuestra, por vernos sufrir y multipliquémoslo por  el que padecen tantos y tantos hijos e hijas de Maria.

Pero es que nuestra Amatxo, la de Begoña, la Madre de la familia de los vizcaínos, la “Ama Maite Maria” a la que todos queremos, nos vuelve a esperar este 15 de Agosto. Verá cómo llegamos con nuestro mejor regalo: nuestra presencia. Y con esa sencillez de madre buena, con esa sonrisa amable y juguetona que tiene la talla de nuestra Amatxo, nos mirará uno a uno, a todas y a todos a la cara. Leerá con nosotros, en nuestros ojos, lo que hemos hecho este año, mirará en el fondo de nuestra alma nuestras alegrías y nuestros sufrimientos, y de entre todos ellos percibirá que muchos, que tienen un alma buena y que la quieren con locura, están peleados entre sí. Mirará con un dolor disimulado pero profundo y hondo que sus “Hijos de Vizcaya Fieles” están enfurecidos, crispados, entre sí.

Todo, no porque piensen distinto, que eso es normal, sino porque aún no hemos encontrado  el camino de la paz y esta ausencia, hace que las heridas se abran una y otra vez, y que esos sus hijos e hijas que suben a Begoña, con todo lo que la quieren, coincidentes en un amor sin complejos, incondicional, a su Madre del Cielo, no sean capaces de vivir en paz. Parece imposible contrastar en paz sus diferencias, buscar la verdad, construir con base firme el mandamiento del Amor.

Por eso, si muchas veces hemos pensado que Maria nos dice que para encontrar la paz, lo primero que hay que hacer es ser pacíficos, ahora, al menos a mí, me parece que no. Me parece que María nos pide mucho más, pienso que  ser pacífico es una postura un tanto pasiva, que es ser algo tibio o frío. Creo que Maria en este 15 de Agosto nos pide a todos, los que piensan esto o lo otro, que hagamos más, que nos impliquemos, que seamos “pacificadores”, que seamos “promotores activos de paz”, que seamos capaces de descubrir allí donde nos movemos, en la familia, en el trabajo, en la iglesia o en la política o en la sociedad, el lugar del encuentro, el lugar de la paz.

Dios quiera que encontremos con  Maria, ese camino, esa decisión, que nos involucremos decididos en esa misión voluntaria de construir la paz entre todos y todas. Oremos por ello y miremos por encima de lo que nos diferencia, lo que nos une. Mirémonos a los ojos y digamos con fuerza que lo primero que nos une es precisamente que todos somos hijos de Maria, hijos de la Amatxo, hijos de la Reina de la Paz