Carlos García Llata

Director del primer congreso de Cofradías de Vírgenes Patronas

«Si las fiestas religiosas pierden su razón de ser, derivan en la pura magia»

Elixane Castresana Bilbao

«No hay que olvidar que el cristianismo es para todos y una imagen vale más que mil palabras»

 

  «La fiesta mariana aglutina a miles de personas para un acto que en otros contextos pasa desapercibido»

 

HA CONFECCIONADO el programa del primer Congreso Internacional de Vírgenes Patronas, que reunirá en Bilbao y Gasteiz

entre los días cinco y ocho de diciembre a cofradías procedentes de toda Europa. Carlos García Llata, decano de Teología en

Gasteiz y director del encuentro, afirma que en el resultado se condensan «un recorrido por las manifestaciones de religiosidad

popular a lo largo de la historia» y cuestiones de plena actualidad como «la convivencia con otras creencias en el marco

europeo».

Asistirán al congreso las cofradías del Rocío, el Carmine –copatrona de Roma– o Nuestra

Señora de Jasna Gora, de Polonia. ¿Qué rasgos comparten procediendo de puntos tan lejanos?

Las une una amalgama de sentimientos, que a unos les sirven para expresar su fe, mientras que otros asumen los lenguajes de

la cofradía como elemento de tradición cultural. Todos los símbolos que integran las celebraciones: estandartes, pasos, cantos o

peregrinaciones están ahí por alguna razón.

¿Qué ocurre si se pierde esa razón?

Entonces el símbolo, la imagen, derivaría hacia el puro sentimentalismo y la magia. Hay que reconocer que eso pasa, y por ello

muchas cofradías están tratando de renovar la religiosidad popular de forma que incorpore una evangelización.

Una tarea difícil cuando el merchandising llega hasta las puertas de las iglesias...

Es cierto que desvirtúa la esencia y sin embargo a los seres humanos nos resulta inevitable por la tendencia que tenemos a

cosificar los valores y controlarlo todo.

Visitas un santuario y piensas: «Si traigo esta medalla, todo me va a sonreír en la vida».

¿Hasta qué punto la Virgen patrona configura la identidad de un lugar?

Hay un hecho claro ,y es que una fiesta mariana aglutina a miles de personas para un acto que en otros contextos pasa

desapercibido.

Yo lo he visto a las cuatro de la mañana para rezar un rosario, que se supone que está pasado de moda, y es algo que me

admira.

Ahí se juntan los que han estado de juerga y no se han echado a dormir con los que se los que se han levantado expresamente

para eso. Todos en medio de un silencio sepulcral. Pongo otro ejemplo: en Turín, una sociedad al igual que la nuestra

más asentada, y en el norte. Pues en la procesión al santuario de la patrona participa más de un millón de personas.

Y eso que la devoción se vive más a flor de piel en el sur.

La diferencia es abismal. Nosotros somos más serenos, más fríos, y mantenemos el equilibrio entre lo racional y lo simbólico.

Puede que en el sur den más importancia a la imagen, lo cual no desvirtúa los valores que ponen en juego.

Muchos amigos me dicen que hay que vivirlo, aunque insisto que la teología debe tutelar. De hecho, la Conferencia Episcopal

quiere crear un departamento que trabaje ese aspecto.

Una de las ponencias aborda la difícil convivencia entre religiones del Jerusalén medieval.

Viendo la realidad de hoy, ¿la historia se repite?

Yo no soy experto en estos temas, pero desde mi intuición creo que estamos cayendo en muchos de los mismos errores.

¿Cuáles?

La religiosidad tiene que unir a los seres humanos y no separarlos.

A día de hoy parece más una marca que me define e identifica, pero en contra de otro. Si hay un espíritu religioso que no

convive con la racionalidad ¡qué difícil es seguir el camino adecuado!

El programa sigue un recorrido que expone antecedentes y actualidad. ¿Qué conclusionesse pueden sacar de

cara al futuro?

Un camino que lleve a una renovación y reconocimiento de la legitimidad de la religiosidad popular y sus símbolos dentro de la

Iglesia. Hay gente que expresa lo que vive por medio de otros lenguajes y la religiosidad popular sirve para esta pluralidad de

seres humanos. No hay que olvidar que el cristianismo es para todos, y una imagen vale más que mil palabras.