DISCURSO DE INAUGURACION DE JAVIER DIAGO EN EL PARANINFO DE LA UNIVERSIDAD DE DEUSTO 5 DE DICIEMBRE DE 2006

 

Excmo. e Ilmo. Don Karmelo Etxenagusia, Obispo Auxiliar de Bilbao; Señora Concejal del Ayuntamiento de Bilbao; Don Carlos García Llata, Decano de la Facultad de Teología de Vitoria; representantes de cofradías de Vírgenes Patronas; cofrades de Bilbao; amantes de Nuestra Madre María; amigas y amigos todos.

 

Como muchos saben ya, la Hermandad Penitencial de Nuestra Señora de Begoña, cofradía bilbaína que me honro en presidir, cuenta desde su fundación en 1947 con una doble vertiente que se recoge expresamente en los Estatutos y que hoy día divide nítidamente su actividad anual en dos aspectos: el de Penitencia, que se consagra a la vivencia de los Misterios de la Pasión, Muerte y Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo, propios de la Cuaresma y la Semana Santa, y el de Gloria, que se consagra al fomento de la devoción a Nuestra Madre y Celestial Patrona la Virgen de Begoña,  patrona de Vizcaya y de nuestra Hermandad.

 

Por descontado, es este segundo aspecto, el de Gloria, el que explica la organización de este I Congreso de Cofradías y Hermandades de Vírgenes Patronas.

 

Esta consagración a nuestra Patrona la Virgen de Begoña, tiene dos puntos culminantes: su fiesta canónica del 11 de octubre y la fiesta de la Asunción de Nuestra Señora el 15 de agosto.

 

En cuanto al 11 de octubre, hace 11 años era una fiesta canónica que no tenía reflejo alguno en la vida religiosa de nuestra Diócesis. Únicamente algunos colegios cuya patrona era la Virgen de Begoña y algunas personas especialmente piadosas recordaban que ese día era el verdadero día de la Virgen de Begoña, el día de la Patrona de Vizcaya. Además, el sangriento final que las turbulencias político-religiosas de 1903 provocaron en la peregrinación de aquel año difícilmente podían convertirlo en una referencia válida. Por todo ello, aunque no hay que olvidar a todas las instituciones y particulares que han contribuido decisivamente a su desarrollo, no hay duda de que el nacimiento de la Romería de Begoña en 1996 es un mérito que la Justicia exige atribuir a la Hermandad de Begoña. Las decenas de miles de personas que ese día rinden pleitesía a la Patrona de Vizcaya dan testimonio de ello.

 

En cuanto a la fiesta de la Asunción del 15 de agosto, a diferencia del 11 de octubre, su origen es netamente popular y se remonta a antes de 1.300, antes de la fundación de Bilbao, teniendo la intervención de la Hermandad de Begoña un carácter de fomento, mediante un decidido apoyo en su difusión y en la atención a los miles de peregrinos que en la noche del 14 al 15 y durante todo el día acuden a Begoña desde los últimos rincones de Vizcaya.

 

Por otro lado, la Hermandad de Begoña ha consagrado a la Virgen de Begoña dos peregrinaciones, una al Santuario de Torreciudad, donde se entronizó una imagen en su Museo de Vírgenes, y otra a Vieira do Minho en Portugal, para conmemorar el 200 aniversario de la erección de una capilla en honor de la Virgen de Begoña.

 

Por último, en este apartado de su consagración a María, en su vertiente de cofradía de Gloria, la Hermandad de Begoña organiza cada año una Excursión Mariana que se corona con una ofrenda floral en un Santuario de la Virgen. Las advocaciones de Nuestra Señora de Aranzazu en Guipúzcoa, de la Antigua en Orduña, de Estíbaliz en Álava y de La Blanca en Vitoria fueron testigos de nuestra visita.

 

Sin embargo, a pesar de estos inequívocos signos de vocación mariana, sentíamos en la Hermandad de Begoña que faltaba algo aún, que había que dar un paso más, que lo que María significa para nosotros y lo que debe significar para cualquier espíritu atento con una fe mínimamente madura exigía elevarla sobre nosotros para que los demás pudieran verla bien. Si la luz no se enciende para colocarla debajo del celemín, sino que se pone bien alta para que ilumine nuestro camino, María debía fulgir sobre nuestras cabezas. Este es sin duda el sentido de que sus templos estén sobre colinas y sus imágenes nos miren desde pedestales. De lo que se trataba ahora era de que se pensara sobre María, de que se la tomara en serio como materia de pensamiento, de que se la tomara en serio a ella y a los que la veneran en esa multiplicidad de formas tan polifacéticas y variopintas que se denominan genéricamente “religiosidad popular”.

 

Claro que hay quienes de antemano excluyen, con un prejuicio tan arraigado como poco fundado, que se puedan considerar racionalmente la figura de María o la religiosidad popular, salvo para rechazarlas de plano sin admitir prueba alguna en contrario. Esta falta de espíritu crítico real opera como si los filósofos cristianos no hubieran existido y existieran hoy. Como si los filósofos, cristianos y no cristianos, no hubieran pensado nunca a Dios. Como si los hombres nunca hubieran pensado a María, cuya figura ha inspirado tantos Santos, ha conmovido a tantos poetas y ha dado sentido a tantas cofradías y hermandades consagradas a Ella.

 

Pero abandonemos la especulación (eso les corresponderá a los expertos del congreso) y volvamos a los hechos.

 

Los hechos son que, hace 4 años, hubo un primer intento en lo que hoy se ha convertido en la realidad de este Congreso. Joseba Rodríguez, nuestro actual Hermano Tesorero (importante función) y entonces Hermano Vicario, comentó un día en la Junta: “Hay que hacer un encuentro de cofradías marianas”.

 

Entonces me recordó a una anécdota del Papa Juan XXIII, la fiesta de cuya beatificación se celebra curiosamente el 11 de octubre, junto a la de la Virgen de Begoña, y cuya plaza Juan XXIII de Bilbao está justamente detrás de la Basílica de Begoña. La anécdota se refería a lo que sería el Concilio Vaticano II. Al parecer, caminaba un día el Papa junto a un cardenal y, de repente, dijo en voz alta, pero hablando como para sí: “Aquí va a haber que hacer un Concilio”.

 

Joseba no es el Papa Juan XXIII, pero esto sí es un Congreso.

 

Tras semejante propuesta, Joseba quedó, como es natural en las cofradías, encargado en exclusiva de esa tarea, y comenzó a rastrear cofradías marianas a través de numerosísimas llamadas telefónicas.

 

Las primeras reacciones fueron de sorpresa y luego llegaron algunas de entusiasmo. Sin embargo, la iniciativa no terminó cuajando. Razones laborales, de edad, económicas, así como la cantidad de tiempo y esfuerzo que absorbe la actividad de la propia cofradía hicieron imposible aquel primer intento.

 

Visto en retrospectiva, recordaría la frase de un personaje de Thornton Wilder: “El tiempo de Dios es el tiempo justo”. Parece que no estuvo de Dios que entonces prosperara aquella iniciativa, aunque nos quedó como herencia lo que sería un útil censo de cofradías en el futuro.

 

Tras aquella primera experiencia, nos consagramos de manera especial a la vertiente penitencial de nuestra cofradía. Así, en 2002 llegó a Bilbao la imagen del Santo Cristo de  la Humildad y en 2003 la de Nuestra Señora de la Caridad, ambas realizadas por el entonces prometedor y hoy consagrado imaginero cordobés Enrique Ruíz Flores, que hoy nos honra con su presencia en este Congreso. Además, estas imágenes titulares fueron solemnemente bendecidas por nuestro querido Obispo Don Ricardo Blázquez, actual Presidente de la Conferencia Episcopal Española, en la Catedral de Santiago y en la Basílica de Begoña respectivamente, lo que para nosotros fue un honor y un impulso inimaginables. Junto a ello, renovamos parte del patrimonio y , sobre todo, pusimos especial énfasis en la Procesión de la Caridad que celebramos cada Domingo de Ramos por la tarde por el Barrio de Begoña, consolidándola de forma definitiva en los últimos tres años.

 

Sin embargo, la posibilidad de un Congreso de Cofradías Marianas se mantenía latente y también el anhelo de su impulsor.

 

En éstas estábamos cuando en 2005 tuvo lugar nuestra tradicional Excursión Mariana, que acudió aquel año a rendir homenaje a la Virgen Blanca, Patrona de Vitoria. Durante la visita tuvimos un encuentro con la Cofradía de la Virgen Blanca, que nos llevó a conocer el Museo de los Faroles, donde guardan las bellas piezas de cristal que iluminan las calles de Vitoria en la noche del 3 de agosto en una procesión innumerable. La verdad es que nos causaron una inmejorable impresión su magnífico Museo, su organización y su espíritu de equipo y a ellos les pareció estupenda nuestra osadía, nuestro crecernos ante las dificultades, nuestra Romería. Hubo un conectar unos con otros, un algo que… vamos,… que las dos cofradías nos enamoramos.  Y (ejem) hoy estamos aquí “para haceros a todos partícipes de nuestro amor.”

 

Pero abandonemos los raptos amorosos y volvamos a los hechos.

 

Los hechos son que, al conocer a la Cofradía de la Virgen Blanca, vuelve a resurgir en la Hermandad de Begoña la idea de un Congreso Mariano. Lo que fue un esfuerzo ingente para una sola persona podría hacerlo un grupo de personas, o mejor, dos grupos organizados de personas. Intuíamos claramente que lo que no pudimos solos, lo podríamos hacer juntos. Entonces recordamos las palabras de Jesús: “Cuando dos o tres de vosotros se reúnan en mi nombre, yo estaré en medio de ellos.” Estábamos dos cofradías.

 

Tras retomar la idea y aprobarla por ambas, se comenzó por poner la iniciativa en conocimiento de la Conferencia Episcopal y solicitar su ayuda en la confección del censo de cofradías, ayuda que nos fue prestada de inmediato por su Presidente y Obispo de Bilbao que nos dirigió a Don Sebastián Daltabul, quien nos hizo llegar la lista solicitada. Por otro lado, no hay más que leer el programa para ver a los Obispos de nuestras dos provincias, Don Ricardo, Don Karmelo y Don Miguel, participar en los actos más significativos de este Congreso.

 

Con la lista en nuestras manos, comenzamos a poner al día el censo primitivo y completarlo, para lo cual dividimos la geografía española en dos: la Hermandad de Begoña se ocuparía de Baleares, Canarias, Comunidad Valenciana, Andalucía, Castilla-La Mancha y Extremadura y la Cofradía de la Virgen Blanca se encargaría de Galicia, Asturias, Cantabria, Madrid, Castilla-León, Aragón, Cataluña y Murcia.

 

A continuación, se planificó la forma de dirigirse a las cofradías y a los delegados diocesanos de una manera eficaz, decidiendo el tipo de mensaje  apropiado en cada momento (primero cartas, luego llamadas telefónicas, luego más cartas), el contenido de las cartas, el tiempo de los envíos, etc.

 

Simultáneamente, se procedió a una selección de temas relativos al fenómeno de la religiosidad popular, con la idea clara de que debían ser abordados como problemas de actualidad, que no sólo interesaran a los seguidores de la religiosidad popular, sino a por cualquier ciudadano informado y consciente de un mundo circundante en constante cambio.

 

En cuanto a los ponentes e integrantes de mesas redondas, tras consultar a varios expertos, la Dirección del Encuentro recayó en Carlos García Llata, Decano de la Facultad de Teología de Vitoria, quien se encargó de la selección de los diversos intervinientes.

 

En un nivel más a ras de tierra, se afrontaron los innumerables problemas de logística: alojamiento, manutención, transporte, atenciones, documentación para los congresistas, comunicaciones, exposiciones, conciertos, etcétera, etcétera…

 

El congreso que hoy comienza es el resultado de todo este trabajo conjunto de dos cofradías.

 

Pero también es el resultado de que la Hermandad de Begoña y la Cofradía de la Virgen Blanca hemos tomado conciencia de la importancia de las cofradías de vírgenes patronas. Son cofradías integradas muchas de ellas por decenas de miles de personas en todo el mundo y son el santo y seña de sus localidades, regiones o naciones.

 

Las cofradías de vírgenes patronas queremos situar clara y firmemente la figura de María, a la que consagramos nuestro tiempo y nuestro esfuerzo, en el centro de una sociedad multicultural y multirreligiosa. En este tiempo de creciente violencia contra las mujeres y en este tiempo en que se discute acaloradamente su papel en las distintas culturas y religiones presentes en Europa, queremos recordar que cuando un católico entra a un templo se arrodilla ante una mujer e inclina la cabeza en señal de sumisión, porque sabe que esa mujer, María, es más grande que él, es superior a él; cuanto estuvo aquí esa mujer fue más grande que todos los hombres de este mundo y ahora que está Allí es la Reina del Cielo. Por eso le rendimos pleitesía. Por eso le dedicamos este Congreso.

 

Pero ahora los cofrades nos hacemos a un lado y quedamos voluntariamente relegados a labores de apoyo, a intentar hacer vuestra estancia aquí lo más agradable posible, pues estos días sois nuestros prójimos.

 

Así debe ser, pues ahora es el tiempo de los doctores. Como siempre recuerda mi padre: “Doctores tiene la Santa Madre Iglesia que le sabrán responder” o como dice el Libro del Eclesiástico:

 

“La sabiduría hace su propio elogio,

se gloría en medio de su pueblo,

abre la boca en la asamblea de Dios

y se gloría delante de sus potestades”.

 

Ahora, es el tiempo de los sabios.

 

Muchas gracias por vuestra atención y bienvenidos a Bilbao.