Monseñor Ricardo Blázquez: “no queremos clandestinizar la fe ni la podemos recluir en el santuario de nuestras conciencias, ni en las sacristías, ni en los templos.”

 

Bilbao/ 6 de diciembre de 2006.

 

A las 13 horas comenzó la Eucaristía presidida por  Monseñor Ricardo Blázquez, obispo de Bilbao y presidente de la CEE, quien estaba acompañado en el presbiterio por 10 sacerdotes.

La Basílica de Begoña reunió a los algo más de 60 Congresistas para participar en esta celebración en el segundo día de Congreso.

Monseñor Ricardo Blázquez saludó a los congresistas invitándoles a sentirse “en vuestra casa, porque la Virgen hace familia” y a experimentar el calor y “la hospitalidad humana, cristiana y eclesial.”

Su homilía trató sobre todo de los  diversos sentidos que se pueden encontrar tras el matiz de “cofradías patronales” que singularizaba este congreso: “Al decir patrona de nuestros pueblos estamos diciendo, la que acompaña en el caminar con sus altibajos, con sus momentos luminosos y sus zonas de sombra, con sus preocupaciones, esperanzas. La que va acompañando el caminar de nuestros pueblos.”

Puso como ejemplo a la misma basílica de Begoña y a su titular que “ha acompañado de una forma singular la historia de esta ciudad de Bilbao. Con tantos sobresaltos y momentos espléndidos.”

Blázquez siguió diciendo: “al decir la patrona de nuestros pueblos estamos diciendo que cada uno de nosotros allí donde nos encontremos a la madre la consideramos propia nuestra, cercana, protectora de cada uno, la que va enseñando a sus hijos a vivir.”

Y añadió: “A lo largo de las generaciones ofrecer ese patrocinio quiere decir que a nuestros antepasados, a nuestros padres, a nosotros, a los que vengan más tarde María los está acompañando en el camino de la Cruz.”

Pensar en la Virgen como la patrona de nuestros pueblos, según el obispo de Bilbao “quiere decir que a través de Ella hemos recibido el don de la fe”.

Decir cofradías de Vírgenes patronas significa también una presencia en la vida pública, social, a través de los signos coherentes, de las manifestaciones que se vayan teniendo. Estas cofradías significan que salimos también del templo, a la sociedad, en medio de nuestras calles, manifestando que no queremos clandestinizar la fe. Que la fe no la podemos recluir ni en el santuario de nuestras conciencias, ni en las sacristías, ni en los templos.”

Y concluyó diciendo, “Sin miedo y con humildad demos la cara por el Señor.”

En una segunda parte de su homilía hizo un llamamiento a la coherencia  “que nunca nuestro corazón esté lejos de lo que dicen nuestros labios en la profesión de la fe.” Y planteaba a los asistentes “¿damos un culto vacío a Dios? ¿nuestra devoción a la Virgen es vibrante, humilde, sincera, sencilla, o es vacía, apariencia, ….?

Invitó a los congresistas a plantear estas cuestiones en el Congreso.

Y por último recordó que la devoción a la Virgen está estrechamente ligada con la dimensión caritativa de la fe, la entrega a los hermanos.

Al final de la eucaristía el Grupo de Danzas Vascas de Baracaldo ofreció un baile a la Virgen de Begoña.